Sesión 25: sonríeles a los desconocidos, míralos a los ojos y salúdalos

4887641208_ae56fb9395_bCada mañana que el clima me lo permite salgo al campo a caminar con mi perrita Perla. Aprovecho ese momento para meditar, reflexionar, clarificar ideas y disfrutar de la belleza que ofrece la naturaleza y Perla al correr a campo través. Algo que me llama tremendamente la atención es que de lunes a viernes en dicho paseo y a esas horas tempranas me cruzo con personas que siempre tienen un saludo, una sonrisa, un comentario agradable, por el contrario cuando llego al asfalto o los fines de semana eso cambia.

Vamos por la calle como si fuesemos ciegos, nos cruzamos cada día  con un montón de desconocidos que ni miramos a la cara.

¿Qué sucede?¿Tenemos miedo?¿Qué nos impíde abrirles el corazón a los desconocidos?

Una persona que camina con la cabeza baja, el ceño fruncido y apartando la mirada, dificílmente es una persona secretamente feliz y alegre.

Puede que no nos sintamos así pero todos, todos tenemos circunstancias complicadas es nuestra vida, todos tenemos familia, personas que queremos, preocupaciones, problemas, miedos, gustos diferentes, etc…

Si aceptas eso, estarás aceptando que todos somos iguales, que no eres más torpe o menos bueno por tener circunstancias difíciles y que compartiendo una mirada agradable, una sonrisa, un saludo, estás diciendo: “te veo, te comprendo, te acepto, me acepto y acepto el mayor bien en mi vida”

No se trata de ser extrovertido en cada momento, la introspección también es muy necesaria, sino de abrirte a las sensaciones de bienestar que este hecho produce para ti y para quien lo recibe.

 

 

 

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